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El estrés
es un proceso psicofisiológico natural que se desencadena en situaciones en las que tenemos que dar una respuesta que requiere cierto esfuerzo por nuestra parte, y el echo de ser evaluados o vernos expuestos, como una entrevista de trabajo, un examen, un proyecto profesional, o una simple cita con una persona que nos gusta. Su función fisiológica es la de movilizar energía poniendo en funcionamiento los procesos metabólicos mediados por las glándulas suprarrenales, para conseguir un mayor y mejor rendimiento. Cuando tenemos estrés por una situación puntual se dice que padecemos un estado de estrés agudo. Tal estado remite una vez la situación en cuestión a terminado. El problema con el estrés surge cuando no remite y se va haciendo un estado sostenido y habitual en las personas. Entonces se dice que se cronifica, y se empieza a hablar de estres crónico. El estrés crónico esta muy extendido en las personas. Lo experimentamos como un estado constante de inquietud y nerviosismo, prisa y necesidad de estar ocupado en algo. Una vez el estrés agudo se ha convertido en crónico, se desencadenan procesos de desvitalización de la persona muy comprometedores por ser la causa de alteraciones diversas como el envejecimiento prematuro, mialgias varias, depresiones, astenias, anemias, y todo tipo de afecciones emocionales, especialmente los trastornos de ansiedad.


El estrés
es uno de los males más extendidos en la socieda actual. Vivimos en la cultura de la prisa y el cuánto más rápido mejor. La sobrecarga de tareas es algo demasiado habitual hoy en día, y supone uno de los factores que generan mayor estrés en las personas. El no tener tiempo para uno, y vivir tan cargado de tareas es algo que va minando a la persona internamente habituándola al estado interno de estrés crónico. Como ya se ha dicho, el estrés crónico es una afección que provoca una serie de trastornos muy diversos como alteraciones en la concentración, memoria y el aprendizaje, problemas en la alimentación como el hambre por estrés, desvitalización, irritabilidad emocional, falta de energía, agotamiento profesional, alteraciones hormonales y un sinfín de afecciones psicosomáticas como fobromialgias, lumbalgias, conracturas cervicales o incluso afecciones autoinmunes.

 

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