El cine actual en general, se halla sometido a un preocupante proceso de degeneración tecnológica de carácter comercial. El cine de animación digital en todas sus vertientes, tanto realista como de ciencia ficción, adulto o infantil, se caracteriza por un llamativo desequilibrio entre la realización técnica y el contenido argumental de sus producciones. El esfuerzo invertido en la realización técnica del montaje y los efectos especiales de las actuales superproducciones, sean películas integrales de animación, sean efectos especiales de filmografías reales, parece absorber absolutamente la energía que debería dirigirse al desarrollo de guiones significativos y con riqueza de contenido. En este proceso de evolución tecnológica del cine, se puede apreciar una clara tendencia a la necrofilia, manifiesta en el enaltecimiento se que realiza de las clásicas figuras del mal, así como el enaltecimiento de la perversión y el sadismo. Este proceso ha derivado, especialmente en el genero fantástico de animación virtual, en una dramática interpretación subversiva de los mitos de la antigua tradición indoeuropea. Resulta llamativo el hecho de que este cuerpo mitológico, que representa profundas realidades de la condición humana, a nivel psíquico, espiritual y cosmológico, sea presentado como un contenido supuestamente fantástico, o de ciencia ficción, lo cual supone una insidiosa categorización que hace creer al público que estos no guardan relación alguna con realidades de la vida o de su condición interna. La tendencia a la interpretación subversiva de los mitos en el cine tiene como rasgo principal la inversión de los conceptos morales de lo bueno y de lo malo, inversión que se realiza por el hecho de lavar la imagen de todos los villanos de leyenda, el dignificar la figura del mal en todos los relatos de los cuentos de hadas de la tradición mitológica indoeuropea.

Este es un rasgo característico del narcisismo perverso que se denomina necrofilia, es decir, el amor por todo proceso degenerativo, en este caso a nivel espiritual, psicológico y moral. Esta operación consiste en humanizar a estas figuras del mal, como la hechicera Maléfica (2014), de Robert Stromberg, del cuento de La bella durmiente, el ogro o el trol de la mitología nórdica, que es dignificado en la película de animación Shrek (2001), de Andrew Adamson y Vicky Jenson, o la figura del vampiro representada en la leyenda de Drácula, dignificada, junto a otros monstruos de leyenda, en la película de animación titulada Hotel Transylvania (2012), de Genndy Tartakovsky. Esta estrategia ha sido llevada al extremo en la saga Los descendientes (2015), de Kenny Ortega, en la que ya son los hijos de los villanos los que resultan dignificados en su ambigua condición moral. En todos estos casos se puede ver claramente como el proceso de dignificación de las figuras del mal se da a través de la humanización de las mismas, la que empieza por convertirlas en objeto de identificación del espectador por ponerlas como protagonistas principales. La presentación de estos personajes en su papel de protagonista principal se realiza de una forma emocional e intimista, presentando su historia personal como una historia en la que este ha sido la pobre víctima de una serie injusticias que la han menoscabado penosamente de una forma publica. De aquí sale la presentación de la pobre Maléfica como una mujer engañada, castrada y demonizada por el hombre, o del ogro Shrek como un pobre trol rechazado y tratado injustamente por ser tan verde y feo, que se ha visto siempre obligado a jugar el papel de chivo expiatorio.

Esta forma intimista de presentar al personaje maligno como protagonista humanizado que toda su vida ha sido víctima de terribles injusticias, provoca una fatal identificación autocompasiva en el espectador con este, que funciona como una poderosa sugestión en su mente. El mecanismo sugestivo consiste en provocar una identificación de la propia miseria psicológica del espectador con la miseria del personaje, que le lleve a una reacción de tipo autoindulgente de la que se deriva de forma inmediata la indulgencia y la absolución de la figura del mal con la que se ha identificado. En efecto, autocompasion y autoindulgencia funcionan como medios de absolución de las figuras morales del mal, lo que psicológicamente se traduce como una justificación que dignifica la propia mediocridad y pasionalidad neurótica del espectador. En este cuadro invertido, si el protagonista maléfico ha pasado a ser una pobre víctima de una persona o un sistema hipócrita y extorsionador, necesariamente la figura que se ponga en ese papel quedará estigmatizada de forma inmediata en la cabeza del público. Esta figura suele ser generalmente la autoridad moral, social e institucional, que por este hábil recurso pasa a representar el agente del mal. Este es el caso del rey Estéfano del cuento de La bella durmiente, o de la autoridad moral y el rey en el caso de Shrek, o de la autoridad moral, social e institucional en el caso de Hotel Transylvania. Aunque es cierto que en muchos casos la autoridad moral, institucional y social esta corrupta en algún aspecto, y no es un referente a seguir, el problema en esta tendencia a la subversión mitológica es la identificación implícita de estas figuras institucionales con elementos del mundo interno del ser humano, elementos que es preciso tener claros para que el espectador pueda realizar correctamente su proceso de maduración psicológica y realización espiritual.

En consecuencia, el efecto principal de la subversión de los mitos en el cine es la legitimación del estado pasional de inmadurez neurótica de la población, legitimando, e incluso enalteciendo, la mediocridad y la vulgaridad de las personas. En este contexto se introduce el recurso de la identificación simpática, es decir, una vez se tiene al espectador identificado con el pobre diablo que ha sido tratado injustamente desde su niñez, se desarrolla una caracterización simpática y desinhibida del personaje. Esta maniobra convierte al malo, al monstruo, al villano de toda la vida, en un personaje entrañable y  simpaticón, un personaje absolutamente inofensivo que se declara nuestro mas íntimo y mejor amigo. Este tipo de recurso trata a los espectadores como si padecieran de retraso mental, ya que por el simple manejo de la broma fácil y la deshinbicion simpática, logran embaucar a un publico alucinado sediento de entretenimiento que le saque del hastió de su vida. El recurso al villano simpático, desinhibido y bromista, refleja al espectador la intimidad cotidiana de la vida vulgar, su comportamiento más básico y desenfadado en el circulo doméstico. En este aspecto se recurre a la desinhibición que las personas no consiguen tener en su vida, también a la simpatía con lo obsceno y sórdido que se halla reprimido en el inconsciente de las personas, así como a la sensación interna de ignorancia, simpleza y levedad que todos llevamos dentro. Así se enaltece la mediocridad con el recurso fácil a la vulgaridad del ser humano, vulgaridad que se relaciona con el estado neurótico y pasional que se esconde debajo de la imagen que las personas proyectan en sociedad.

Esto es algo que se puede apreciar muy claramente en las entregas de Shrek, nuestro buen amigo el ogro, ya que presenta el tema de que ser vulgar es un derecho legitimo del que nadie puede privar a uno, y toda figura de autoridad que trate de imponer la necesidad moral de desarrollo espiritual es automáticamente tachada de entidad manipuladora y extorsionadora de la población. De hecho, la primera entrega comienza con el simpático ogro leyendo en una letrina de su ciénaga el mito ancestral del caballero que tiene que rescatar a una princesa de las garras de un dragón, para, acto seguido, limpiarse el culo con la hoja del relato y tirarla por el water junto a sus excrementos; buen modelo de comportamiento para las mentes infantiles. Este mito, identificado en la tradición cristiana con el Mito de San Jorge y el dragón, contenido en la Leyenda áurea, y en la mitologia nórdica con el Mito de Sigfrido y el dragón Fafnir, contenido en la Saga de los volsungos, es un mito que procede originalmente de la filosofía hermética transmitida milenariamente por los Textos de las pirámides del Antiguo Egipto, origen de la filosofía oculta occidental. En el contexto de la sociedad patriarcal este mito ha sido interpretado, de una forma machista, como que la mujer es un ser débil e indefenso que tiene que ser siempre asistida por el hombre, su caballero o principe azul, en la solución de sus problemas. Pero esta interpretación deriva de la dramática falta de consciencia, que impide acceder al significado interno y alegórico de estos relatos, ya que ni el caballero representa al hombre, ni la doncella representa a la mujer, que son meros convencionalismos estéticos de la escenografía del relato.  

Como resultado de este caos deconstructivo de la metafísica occidental, de esta relativización semántica del lenguaje y la hermenéutica de los textos, todo relato mitológico de contenido moral y espiritual queda descalificado como un recurso de represión y manipulación vil de la población. En este sentido, cabria preguntarse cuál es la razón inconsciente que podría haber para querer generar todo un cuerpo subvertido de mitos reeditados en su concepción más vulgar, es decir, literalmente vulgarizados, en el que se hace apología encubierta de la necrofilia, se invierten sistemáticamente los símbolos del bien y del mal, y se proyecta sobre los personajes las rabias y frustraciones mas profundas de la población general. Esta reinterpretación postmoderna del cuerpo de la mitología occidental obedece a la tendencia latente en el espíritu de la época a subvertir todos los valores superiores y absolutos, de manera que quede absuelta la propia inmadurez psicológica, y justificada la repugnancia a asumir la responsabilidad del propio desarrollo espiritual. La mitología antigua, lejos de suponer una explicación ingenua de los fenómenos de la naturaleza, como ha querido hacer creer la mentalidad cientifico-materialista, supone un cuerpo sagrado de representaciones hagiografías que delatan una serie de estructuras mentales del imaginario cultural que dominan el psiquismo y la vida de las personas. El problema es que actualmente se carece del nivel de consciencia suficiente para comprender el significado implícito y oculto en estas alegorías, por una especie de analfabetismo del inconsciente del hombre moderno.

Los villanos de leyenda de la mitología antigua representan al principio universal del mal, caracterizado en diferentes personajes según el caso. En su aspecto psíquico, cada uno de estos villanos encarnan la miseria psicológica que impide la realización superior del ser humano, las bajas pasiones y la miseria neurótica que mantiene a las personas en un estado de conciencia psicológica, que es el causante del drama en el que se encuentra inmersa su vida. El hecho de conseguir que el publico simpatice con estos personajes, y los perciba como tiernos, inofensivos y bonachones, supone hacer que la gente deje de considerar su propia miseria, su propio espectro psíquico, como un elemento peligroso de su mundo interno que puede malograr su vida. Efectivamente, la miseria psicológica no asumida, echa a perder la vida de las personas, la convierte en una tragedia griega patética y desconcertante, por eso, alentar en la población el repudio a tener que asumir sus propias lacras psicológicas, es un atentado contra la salud publica. Parece ser que la deconstrucción de los valores metafísicos tradicionales, y las pretensiones de libertad moral, están degenerando en la apología de la estupidez más frívola y la exaltación de los valores más groseros y animales, según la que todo sujeto tiene derecho, no solo a rebozarse en el barro de sus propios excrementos psicológicos, sino a obligar a los demás a hacerlo también. Lo que antes era inconcebible moralmente, motivo del mas vergonzoso pudor, ahora es materia publica de regocijo lúdico, modelo de comportamiento social, y pauta de educación moral para las nuevas generaciones. En consecuencia, este tipo de contenidos cinematográficos, que actúa como una poderosa sugestión degradante en la mente de los espectadores, deberían de ser calificados como necrófilos, malsanos y perversos, por pertenecer a un genero cinematográfico que podría ser denominado insidioso-subversivo.

 

(Este artículo es propiedad intelectual, queda prohibida la reproducción parcial o total de su contenido)

 

Artículos Relacionados: