El relato clásico La bella durmiente proviene de antigua mitología indoeuropea sometida a un largo proceso de síntesis literaria entre la tradición nórdica y la tradición griega. Resulta de planteamientos propios de la espiritualidad europea plasmados originalmente en las teogonías griegas y las Sagas de los tiempos antiguos recopiladas en la Edad Media. Este fue reformulado en un nuevo formato literario en la Edad Moderna por Charles Perrault y los hermanos Grimm, entre los siglos XVII y XVIII. La versión que nosotros conocemos actualmente fue recogida por estos autores con el título original de Zarzarrosa o Rosa de Espino. Si bien inicialmente no era un relato perteneciente al género de literatura infantil, incluso en la versión de estos lingüistas, poco a poco sus versiones literarias para adultos se fueron adaptando al género infantil de los cuentos de hadas. Las versiones actualmente más populares de este mito se basan en el relato de Perrault influenciado por elementos de los hermanos Grimm, formato finalmente popularizado a nivel mundial por la versión cinematográfica de Walt Disney, de 1959. Esta progresiva adaptación a la literatura infantil ha supuesto una considerable distorsión de su trama argumental original y su trasfondo significativo, proceso que parece haber alcanzado su máximo exponente en su última adaptación cinematográfica: Maléfica.

Esta última versión de Disney supone un excelente trabajo de producción, montaje y efectos especiales que, como exponente del cine de la nueva era de animación virtual, ofrece un preocupante desequilibrio entre realización técnica y contenido argumental. El guión de este tipo de películas resulta ya no solo vacío y hueco, como si el esfuerzo por una realización técnica impecable herniara la calidad guionística de sus realizadores, sino que además presenta una peligrosa subversión del contenido psicológico del mito original, que provoca una dramática confusión en los espectadores, no solo en los infantiles sino también en los adultos. Un espectador sin criterio, que se ve influenciado por este tipo de interpretaciones autoindulgentes de mitos filosóficos, acaba extraviando sus nociones del bien y del mal. Se habla de autoindulgencia cuando uno trata de excusar y justificar las propias faltas o carencias, tratando de dignificar el estado de inmadurez perpetua de la propia identidad. De esta forma, el espectador infantil, o ingenuo, se ve sugestionado de tal manera que desarrolla una tierna afinidad por los símbolos del mal, Maléfica en este caso, que hace que se identifique preocupantemente con este tipo de personajes, no sólo ya durante la película sino desde ese momento en adelante. Los niños que ven esta película, quieren estar con Maléfica y ser como Maléfica, aborreciendo la figura del príncipe que debe despertar a la bella durmiente, y todo el significado profundo que este mito esconde. Este significado es una alegoría del mundo interno y el sentido profundo del camino espiritual. Representa el sueño letal en el que cae el alma humana por la acción sobre ella del principio del mal, estado del que debe de ser despertada por el espíritu, principio superior del ser humano que debe de vencer al mal y salvar al alma de su sueño hipnótico.

El argumento, de naturaleza absolutamente subversiva, se caracteriza por un rasgo principal, el empeño de despertar simpatía y ternura por Maléfica, es decir, de poner al público inconscientemente a favor del principio del mal, fuerza oscura y sutil que hace caer al alma en su sueño hipnótico. Hay que tener muy presente que la caracterización psíquica y estética de este personaje juega con un triple significado, de tipo universal, cultural y psicológico. El primer rasgo es el de Maléfica como principio universal del mal, la maleficencia cósmica, el demonio cristiano, que puede expresarse a través de la mente de las personas, y que será principio generador de un fatal sueño en la bella doncella de la historia. El segundo matiz, es el de Maléfica como símbolo de la satanización y la anulación cultural machista a la que se ha sometido a la mujer, en Europa, desde la Edad Media. El tercero, es el rasgo psicológico de Maléfica como mujer engañada y despechada en el amor. En la combinación de estos tres significados implícitos reside todo el peligro de esta interpretación invertida del mito. Es decir, en el personaje de Maléfica se condensan tres niveles significativos, siendo uno de ellos el significado real del personaje, el principio del mal, y los otros, dos significados asociados tendenciosamente al significado original: el símbolo de la anulación de la mujer en la cultura europea, representado con el hecho de haberle cortado las alas a maléfica y su caracterización oscurantista posterior, y el símbolo de la mujer enamorada despechada, que ha sido engañada y utilizada por un hombre. Estos dos significados añadidos, siendo uno de tipo cultural y otro de tipo psícológico, se utilizan como poderosas herramientas de manipulación del espectador, especialmente el femenino. Aquí radica el peligro, en esta identificación entre la mujer y el principio del mal, ya que al tratar de justificar las razones de su estado psicológico, se cae en la inadvertida legitimación de lo que su simbolismo estético representa en la película: el demonio, la maleficencia. En ningún momento de la película se somete la figura de la mujer a un exorcismo que la diferencie claramente del principio del mal, y quede en evidencia que, si bien ha sido víctima de injusticias históricas, hay un principio maligno en el universo y la mente de las personas con el que se debe de tener cuidado. La identificación de la mujer con Maléfica y de esta con la maleficencia, hace que la redención de la mujer en el personaje de Maléfica suponga una redención simultánea del principio del mal. La redención del principio del mal se interpreta de forma implícita como licencia para el libertinaje moral de las pasiones mórbidas del psiquismo humano, y es por esto que este tipo de películas deberían entenderse como pertenecientes a un género que podría denominarse insidioso-subversivo.

Para este desarrollo, se da comienzo al cuento asegurando que la historia que se conoce, la versión popularizada por Disney en 1959, no es la historia real, dando a entender al público que se le ha estado engañando acerca del relato. A continuación insertan el primer elemento condicionante para la nueva percepción de Maléfica, la historia de su infancia, historia planteada en un formato fabuloide intimista, de alto contenido emocional y sensacionalista, que resulta altamente impactante, por lo que enternece, y por la sensación de injusticia que consiguen generar en el espectador. Las versiones históricas más antiguas de este mito contemplan algún elemento parecido a tal planteamiento en el fondo, pero no en la forma, es decir, que este planteamiento en particular del inicio de la historia es pura invención de quienes han adaptado el guión, que se han creído con la autoridad filosófica suficiente como para hacerlo. Esto sucede porque estas personas ignoran la naturaleza mitológica profunda del relato, y la importante función que esta cumple, de manera que proceden a manipular el argumento a su antojo, como si se tratara de un simple cuento inventado por un cualquiera y no estuvieran de acuerdo con su versión. En este planteamiento inicial, que actúa como fuerte condicionante de la percepción del personaje, insertan otro elemento para aumentar su intensidad dramática, el componente psíquico del engaño amoroso y el despecho, sumado al de la anulación de la mujer representada en el hecho de cortarle las alas a Maléfica. Así, con semejante carga afectiva, la escena central del inicio del relato clásico, la maldición de la pequeña Aurora, queda absolutamente justificada, de manera que la percepción del principio del mal y del significado original del mito queda completamente distorsionada, en un juego insidioso de manipulación psicológica del relato, lo que supone un fuerte impacto sugestivo al psiquismo del espectador, del que difícilmente se puede sobreponer durante el resto de la historia. El fundamento que tiene el injerto de la historia infantil de Maléfica al inicio de la película es el hecho de que algunas versiones antiguas del mito resaltan la figura del hada mala en el formato de una mujer despechada, no solo por el hecho de no ser invitada a la celebración del nacimiento de la joven Aurora, sino también, en ciertos casos, por el hecho de representar este personaje la mujer de un Dios que ha sido subyugada y, a veces, engañada por este, engaño del que nace la bella que luego caerá por su maldición en el profundo sueño. El problema es que, tal y como se ha planteado este elemento, el relato sufre una grave inversión suvbersiva de su significado real y oculto, de la que precisamente se trata de alertar en este escrito.

El relato muestra una clara tendencia del cine actual de animación a lavar la imagen de todos los villanos de leyenda. Este es un componente central en la subversión cinematográfica actual de los mitos. Una vez caída la maldición sobre la niña, la trama argumental se desvía por completo de su sentido original para centrarse absolutamente en seguir lavando la imagen y provocando simpatía por la protagonista. Si el relato original se centra en el hecho de que el fatal destino de la bella es caer dormida aunque haga todo lo posible para evitarlo, y que tras este hecho ineludible un principio masculino encarnado en el príncipe azul, debe unirse a ella con un beso para despertarla, en este caso la historia se centra incomprensiblemente en la invención de una especie de historia de amor entre la bella y el agente del mal, según la cual se invierten los papeles de los personajes y los malos pasan a ser los buenos mientras que los buenos pasan a ser los malos. Para ello se apoyan en la ridiculización de las tres hadas buenas que se encargan de cuidar a Aurora durante su exilio del reino para evitar la maldición, hasta que el plazo de su hechizo se cumpla. Este planteamiento se basa en una exageración del detalle representado en el cuento de Disney original, en el que las hadas buenas se ven torpes en el cuerpo de los humanos por ser en realidad seres feericos no habituados a manejarse normalmente con cuerpos materiales. Con esta maniobra se consiguen dos propósitos, el de ridiculizar el bien al tiempo que se carga sobre la protagonista toda la responsabilidad afectiva de cuidar y proteger a la niña, con la ternura que este hecho consigue despertar en el espectador. En medio de esta tensión narrativa Maléfica, derretida ya de amor por Aurora, trata arrepentida de deshacer su maldición, viéndose impedida por las palabras de su propio conjuro. Sumado a todo esto, para aumentar la implicación afectiva, Aurora, en un encuentro de ambas en el bosque, le declara su admiración por saber que ella ha sido su ángel protector durante todo ese tiempo, lo que hace que se dirija a ella como su “hada madrina”. Aurora admira a Maléfica, la reconoce como su mentora y protectora, y desea intensamente ser como ella y estar con ella. Este es precisamente el efecto que la película tiene sobre los niños cuando terminan de verla. Si se les pregunta, afirman que Maléfica es buena y que ellos están de parte de ella y contra el rey y el príncipe, que son los malos. Hablar de niños es hablar de subconsciente, estado interno en el que no se diferencia mucho un niño de un adulto.

Este momento de la trama se da en un escenario muy particular con una carga simbólica muy fuerte. Desde el principio de la película a Maléfica se la pone como el hada reina protectora de las ciénagas, aspecto en el que reside una inversión radical del simbolismo soteriológico que maneja el relato. Si bien las ciénagas y el bosque representan, en la imaginería medieval de corte cristiano, las cloacas del alma humana, laberinto pasional y lugar de perdición para el espíritu, en este caso se está equiparando el símbolo a su significado original, el que le daban las tradiciones antiguas previas al Cristianismo. En las culturas antiguas, ya fueran grecolatinas o nórdicocélticas, el significado del bosque era el de un paraíso terrenal en el que habitan los dioses y la naturaleza espiritual superior del Universo. El problema con este giro en la iconografía soteriológica, también presente en Avatar, es el hecho de que se identifica el plano inferior, el inframundo regido por Maléfica, con el paraíso terrenal regido por la Madre Naturaleza como manifestación femenina de Dios, tal y como si se quisiera provocar confusión entre Eris y Deméter, en términos de la mitología griega, o entre el infierno y el cielo en términos cristianos. Quiere representarse así lo superior en el lugar de lo inferiror, en una inversión radical de los símbolos tradicionales. De esta forma se hace creer al espectador ingenuo, que la realización espiritual y el acceso al plano superior de la existencia se encuentra en la identificación con el principio del mal encarnado en Maléfica, la amiga de los niños.

De forma combinada con la escenificación de las ciénagas y el bosque celestial de Maléfica, mundo maravilloso al que despierta Aurora, se hace un fuerte contraste con la caracterización del delirio del rey en su castillo. En efecto, se alternan las escenas del bosque divino con las escenas del delirio paranoide del rey, presentando a este como un ser inmundo, envidioso y ambicioso, tal como si se hubiera dado un intercambio de almas entre su cuerpo y el de Maléfica. La bondad original del rey ahora está en el personaje de Maléfica, mientras que la maldad de esta se encuentra en la figura del rey Estéfano, quien se deshace en viles cabilaciones para destruirla, consumido por la envidia de su fuerza y su divinidad. De nuevo se combina el simbolismo tradicional religioso con la psicología profunda humana para manipular al espectador. Hay que saber que la figura simbólica de un rey representa alegoricamente el espíritu superior que rige y mantiene el orden en el mundo. En este caso, la figura del rey Estéfano no se puede desligar de la estética derivada de la cristianización medieval de la leyenda artúrica en la que este rey adquiere fuertes connotaciones crístológicas en busca del santo grial. Esta estética, reflejada en las representaciones medievales cortesanas del Ciclo mitológico Artúrico, representa la unificación de las viejas leyendas indoeuropeas de la tradición céltica y nórdica, con la filosofía esotérica cristiana. Esta unión dio como resultado una tradición medieval filosófico-mitológica entre lo cristiano y lo pagano, que derivaría más adelante en los relatos recogidos en los cuentos de hadas europeos como el que nos ocupa, además de Blancanieves, El caldero mágico, La cenicienta, La bella y la bestia, y otros.

En relación al ataque implícito al Cristianismo que se realiza en la caracterización paranoide del rey, hay que comprender que si bien el Cristianismo exotérico fue artífice de la satanización de la mujer, esta interpretación del mismo dista mucho de lo que es el Cristianismo esotérico contenido en la Leyenda del Rey Arturo. Además, por si fuera poco, en medio de esta ambientación cargada de simbolismo espiritual, la inversión del significado de los símbolos del bien y del mal se da sujetándose a estados pasionales propios de la psicología humana más profunda, como son la envidia que mutuamente se tienen el hombre y la mujer. Podría decirse que la motivación principal de la trama es de tipo feminista, en base a la rabia que ha producido en la mujer verse anulada por una pasión masculina que podría entenderse como envidia del poder conceptivo de la mujer. Efectivamente, el enfoque que se muestra desde la perspectiva psicológica tiene mucho de verdad, en cuanto a que la mujer ha sido anulada sistematicamente en una cultura machista fundamentada en la envidia a la mujer, la envidia de su poder conceptivo y generativo, representada como pasión principal que el rey Estéfano siente hacia Maléfica, en sus ansias de poder. La envidia del hombre por la mujer se representa sutilmente en el hecho de haber cortado las alas de la protagonista y mantenerlas en una vitrina como símbolo de poder espiritual celeste. El problema de esta denuncia es, insisto, que se proclama en un marco de simbolismo tradicional que acaba derivando en una penosa confusión de las nociones del bien y del mal en el espectador sin criterio. Es así como denunciando esta pasión masculina, pasión encubierta pero absolutamente verídica, se invierten los significados soteriológicos fundamentales del simbolismo espiritual de la tradición europea, lo que deriva en el resultado final de extraviar la evolución espiritual del espectador que es fruto de esta poderosa sugestión.

Finalmente, el colmo de la inversión de los papeles entre el principio del bien y el principio del mal, es el hecho de presentar al príncipe como un sujeto ingenuo absolutamente impotente para despertar a la bella con su beso. El beso en realidad representa la necesaria unión de dos principios en el mundo interno para acceder al despertar espiritual, sin tener esta representación nada que ver con concepciones culturales machistas más que en la interpretación profanopopulista del símbolo. En cambio, es Maléfica la que, con profundo arrepentimiento y ternura, despierta a la doncella para que esta pueda irse a vivir con ella al paraiso terrenal del bosque y las ciénagas, más allá del codicioso mundo de los hombres. Es decir que, en una alternancia constante de representaciones entre los niveles psiquico y espiritual, se provoca una confusión absoluta de los términos morales, de manera que justificando que la rabia de la mujer con el hombre es por despecho sentimental y vasallaje cultural, y apoyándose en el hecho encubierto de la envidia del útero masculina, se consigue que el público, especialmente el femenino, se identifique con el principio de la maleficencia cósmica, y crea de hecho que seguir los símbolos del mal en su forma de conducirse en la vida va a derivar en el acceso a un plano superior de la existencia. Es por esto que no se puede aceptar la interpretación de la trama argumental como un modelo de rectificación del comportamiento equivocado que alguien puede tener en un momento dado, que es digno cometer errores y luego rectificarlos, ya que este planteamiento es un elemento relativo localizado en un marco de referencia absoluto que da un significado inamovible a los papeles jugados por los personajes. Esto quiere decir que, creyendo que defendemos y asumimos un significado evidente en el papel de Maléfica y su noble causa, en realidad recibimos un significado de rango mayor del que no nos apercibimos por no tener una referencia absoluta del marco general que da significado final a los personajes. Esto es lo mismo que creer que tres por dos es seis, sin percatarnos que los productos se encuentran dentro de un paréntesis que esta multiplicado por menos uno. Si abriéramos el campo atencional al marco total en el que se realiza esa operación, nos percataríamos de cómo efectivamente el resultado final es, en realidad, el inverso al que parecía manteniendo la atención fija simplemente en los contenidos.

El espectador crédulo y sin juicio crítico se identificará, desde ese momento en adelante, con figuras de corte satánico como la que representa Angelina en esta historia. Es llamativa la erotización de la figura del ángel del mal en el personaje, y el esfuerzo que se pone en darle una apariencia atractiva a una figura que representa el resentimiento, la envidia y la inmadurez psicológica en su más alta expresión, de manera que esta condición psíquica, tanto en la protagonista como en los espectadores identificados con ella, se ve dignificada, excusada de tener que ser corregida. Como si de la exaltación de una figura gótica se tratara, la caracterización de Maléfica se ve envuelta en un halo de atractivo por la imaginería oscurantista, en la que los vapores verdes en los que se ve constantemente envuelta representan el color de las más bajas miserias humanas. El resultado final de esta representación de la historia es un caos conceptual que, tratando de dignificar a la mujer, no consigue sino hacer que esta se identifique efectivamente con la parte más baja de su alma, dándole así legitimidad. Para dignificar a Maléfica se toca en la rabia psicológica que tiene la mujer contra el hombre, en relación al tema del amor egoísta, concluyéndose que la protagonista tenía importantes razones para haber sido tan maligna, pero que en su error rectifica y deshace ella misma el maleficio de la bella durmiente. En toda esta manipulación psicológica del guión de la película, no se repara en el hecho de que el contenido original del mito no es la psicología femenina en particular, ni mucho menos el satanizar lo femenino, sino mostrar los componentes genéricos de un proceso de evolución espiritual igualmente válido tanto para el hombre como para la mujer. De esta forma, en el mito esencial, ni Maléfica ni Aurora representan a la mujer en absoluto, sino que una representa el principio del mal, cuyo carácter femenino es mera convención escenográfica de la historia, mientras que la otra representa el alma humana, tanto para el espectador masculino como para el femenino.

En síntesis, tal y como si el guión hubiera sido dictado por un adolescente rebelde con la autoridad establecida, se viene a aplaudir lo malo y lo inmaduro, ridiculizando lo bueno y lo responsable. La bella Aurora irradia una ingenuidad que despierta auténtica vergüenza ajena, el príncipe, sin presencia ni carácter alguno, no cumple su función, las hadas benévolas padecen de retraso mental, y el rey del castillo es un ser inmundo y despreciable que engañó a Maléfica y le cortó las alas con premeditación y alevosía. Planteado este cuadro invertido, ¿quién no quiere ser la protagonista de la historia aunque parezca el mismo demonio? Si Maléfica era una pobre joven despechada porque un hombre malo y aprovechado la engaño en el amor, un hombre envidioso que le cortó las alas para hacerse él con todo el poder, y Aurora finalmente se queda con ella en el bosque para siempre siguiendo su ejemplo, si esa era la auténtica historia, ¿para qué vamos nosotros a esforzarnos en combatir el mal de nuestra alma y tratar de despertar a un plano de existencia superior?, ¿para qué esforzarse en ello, si el principio del mal vela por nosotros constantemente y, si confiamos en él y dejamos que nos bese los labios, nos lleva a un mundo fantástico de luz y de color?

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