Es raro encontrar una persona que tenga un concepto claro de lo que es la mentira en su significación profunda, en relación al daño psicológico que produce tanto al que miente como al que es mentido. No solo ignoramos lo que es la mentira y cómo nos perjudica psicológicamente, sino que, en consecuencia, también ignoramos lo que es la verdad y la importancia trascendente que esta tiene para poder ser feliz y exitoso en la vida a todos los niveles. Definida de una forma sencilla, la mentira supone decir algo falso que no se corresponde a la realidad, ya sea porque no ha sucedido en su totalidad o porque se encubre en cierto grado los hechos sucedidos en una situación concreta. Además de la mentira verbal, como una falsa declaración que oculta total o parcialmente la realidad, existe la mentira a nivel del lenguaje no verbal, que suele combinar el lenguaje emocional y corporal. En el caso de la mentira emitida en lenguaje no verbal se habla de fingimiento o hipocresía, lo que supone no expresar los auténticos sentimientos que se tienen por miedo a ser rechazado o a que se rompa la imagen que los demás se han formado de nosotros en base al manejo circunstancial de impresiones. La hipocresía supone toda una dimensión aparte del fenómeno de la mentira que toca el plano social, ya que se basa en la extensión a los demás de no querer saber como es uno en realidad. El hipócrita es el sujeto que miente con el cuerpo de una forma más o menos sutil, y más o menos consciente, que muestra ante los demás la cara contraria a como se siente realmente en su interior. Los asesinos de los grandes personajes históricos siempre han sido las personas de su entorno más cercano. En cualquiera de sus modalidades, la mentira supone una operación mental por medio de la que se encubre la realidad, con el objetivo del engaño. El engaño normalmente se dirige a otra persona, pero siempre acaba afectando muy negativamente tanto al que recibe la mentira como al que miente.

Se suele considerar la mentira como un acto consciente y deliberado, pero desde el punto de vista de la psicología profunda esta no tiene que ser necesariamente intencional, ya que existe la mentira inconsciente. La mentira inconsciente se relaciona íntimamente con el autoengaño, el mentirse a uno mismo. Se debe a un bajo nivel de conciencia y supone un proceso de razonamiento incorrecto según el cual se distorsiona la interpretación de un suceso para protegerse de una realidad desagradable que no se quiere asumir, ya sea acerca de otros o de uno mismo. La mentira inconsciente se relaciona con la incapacidad de entrar en contacto real con el mundo y las personas, supone una forma de anular la propia inteligencia porque la hace caer en la fantasía, lo cual perjudica seriamente la conciencia y la personalidad, tanto del mentiroso como del engañado. Al proceso de razonamiento distorsionado que lleva al autoengaño se lo ha llamado racionalización,  un proceso de distorsión de la realidad de lo que uno ha hecho para encubrir su ilegitimidad y justificarlo. Las racionalizaciones esconden trastornos del pensamiento como son la confabulación, la mitomanía y la pseudología fantástica, íntimamente relacionados con el funcionamiento de la memoria autobiográfica, lo que significa que el sujeto miente para encubrir rasgos de si mismo y de su vida que no quiere aceptar. En general todas las personas mienten inconscientemente en cierta medida, ya que este es un proceso involuntario que es tanto mayor cuanto menor sea el nivel madurativo, humano y evolutivo de la persona. La maduración psicológica y el desarrollo espiritual implican ir tomando conciencia de las propias mentiras y aceptando la realidad de uno mismo y de la vida, de manera que poco a poco uno accede al verdadero sentido de la existencia.

Existen casos de mentiras piadosas en que el mentiroso se ve obligado a mentir por la intolerancia, rigidez o estado de negación neurótica en el que se encuentra la persona a la que miente. Estos casos se consideran en cierto modo justificados por el estado de conciencia patológica en el que se encuentra el engañado, con quién el hecho de no encubrir la realidad podría provocar situaciones muy complicadas o incluso atentar contra su salud psíquica. En estos casos se habla de encubrimiento de la realidad o de un manejo de impresiones jugando con la ambigüedad que aporta el lenguaje cuando no se hacen referencias concretas. Esta forma de mentira piadosa, basada en el manejo de impresiones por no concretar lo que se dice, es muy frecuente en las redes sociales profesionales, en personas que habitúan a poner en su currículum que desempeñan una actividad pero sin concretar desde hace cuánto tiempo, cuándo, dónde, cuantas veces y con qué resultados. En todo caso, este tipo de mentiras pueden ser justificables según el contexto, y en ocasiones hasta recomendables, normalmente porque la persona engañada suele forzar con su actitud a que le alimenten la fantasía que se ha creado acerca de cierta situación. Esto se da mucho en los casos en que el engañado padece una neurosis narcisista o una neurosis histérica, que suelen alterar notablemente el contacto de la persona con la realidad.

Al margen de estos casos en los que la mentira está justificada en cierto grado por ser necesaria o por ser inconsciente, hay que saber que la mentira consciente provoca un serio perjuicio tanto al mentiroso como al engañado. Al que miente le perjudica en el sentido que altera seriamente su sentido de la realidad, y provoca que poco a poco pierda la capacidad de diferenciar lo que es real de lo que es falso, ya que se acaba creyendo sus propias mentiras, especialmente cuando se dirigen a encubrir aspectos negativos de su persona que no quiere asumir. La inteligencia es un delicado instrumento que se puede desequilibrar notablemente, en especial cuando se adopta el mal hábito de cambiar el significado de las palabras y no llamar a las cosas por su nombre. Esto hace que la persona pierda el sentido de la realidad, tanto de los otros como de sí mismo, y empiece a vivir en su mundo de fantasía narcisista perdiendo progresivamente el contacto auténtico consigo mismo y con las personas que lo rodean.

Cuando la mentira trata de encubrir un aspecto negativo de uno mismo que no se quiere aceptar como propio, sucede que la persona no solo pierde la noción de lo que es real sino que se disocia internamente. Esto provoca un trastorno disociativo de la conciencia que desintegra la personalidad del sujeto que miente y lo convierte en una personaje fingido y artificial en el mejor de los casos, lo que se suele decir un fantasma en lenguaje coloquial, y en el peor de los casos llega a provocar una doble vida o una doble moral que desemboca en una doble personalidad o en un trastorno de personalidad múltiple. Aunque esto suena a un trastorno que afecta solo unos pocos que van al psiquiatra, en realidad es una forma extendida de patología normalizada y pandémica en la población general, en la que es difícil encontrar un sujeto con una identidad unitaria e íntegra que no varíe según intereses o circunstancias particulares. La expresión es un fantasma tiene un sentido profundo muy preciso aunque sea utilizada de una forma aparentemente vulgar. El calificativo de fantasma se refiere, en el fondo, a la entidad narcisista que ha desarrollado el sujeto en su personalidad, la falsa imagen de sí mismo que se ha creado y que trata de proyectar constantemente a la gente con el objeto de encubrir los propios defectos, debilidades y pasiones. Todo esto hace que la persona tenga serias dificultades para ser feliz y tener éxito en la vida, ya que se lo impide la falta de contacto que tiene con la realidad, el mundo y las personas. Uno no puede ser feliz en un mundo con el que no está en contacto real, ya que su felicidad va depender de que todo el entorno mantenga la fantasía que se ha hecho esa persona de sí misma, y de la vida, a través de sus autoengaños.

Respecto a las personas a las que se engaña, la mentira es muy perjudicial porque rompe la confianza en uno, hace que no lo tomen en serio, lo vean como una persona poco fiable y falsa. Normalmente la gente deja de hacer caso a lo que dice este tipo de sujeto porque ya se le ve como mentiroso compulsivo, y su palabra no les merece ningún respeto. La relación con estas personas es como caminar por un suelo poco firme que en cualquier momento puede ceder y derrumbarse. La desconfianza va derivando progresivamente en malentendidos y enredos en la relación, lo que provoca discusiones, desarmonía y todo tipo de conflictos debidos al hecho de que el que miente cambia el significado de las palabras y el orden de las cosas, de manera que en su empeño de distorsionar la realidad genera una atmósfera ambigua muy confusa que puede llegar a lo paranoide. Esto es fuente de neurosis y de gran confusión en el que es víctima del engaño, que en parte capta intuitivamente la mentira pero en otra parte de sí duda por no tener la certeza absoluta y no poder demostrarlo. En estos casos el mentiroso mantiene su postura desplegando un comportamiento exaltado de carácter histriónico, a través del que se muestra alterado e indignado por las acusaciones recibidas, y se defiende acusando al otro de emparanoyado y enfermo, o se lamenta de lo injusta que es la vida con su persona. Esto es así hasta tal punto, que incluso cuando se presentan evidencias claras de la mentira sigue negándolo y acusando a terceros de esos hechos. Esto es, en realidad, un comportamiento infantil de personas irresponsables que tienen dificultades para madurar por padecer algún tipo de fijación psicológica con las figuras de apego.

La mentira de la mujer es especialmente ambigua y dañina para los que la rodean, sobre todo en las relaciones de pareja o las relaciones maternales. Los efectos neurotizantes y paranoides de la mentiras de una mujer son desastrosos por la extremada sutileza que presentan. La mujer tiene la tendencia psicológica a actuar siempre con doblez y de forma encubierta, a través de comportamientos ambiguos que resultan un buen escudo de sus dobles intenciones, sus motivaciones ocultas, sus deseos de provocación y sus manipulaciones. Este doble juego responde a un comportamiento infantil, narcisista y neurótico de la mujer que perturba seriamente y llega a neurotizar a la otra persona. En el caso de hacer esto con sus hijos inconscientemente los educa en la hipocresía, la doblez, el subterfugio y la ambigüedad. El hombre, al ser más simple, no provoca tanto daño al mentir o comportarse como un hipócrita, ya que este comportamiento es fácilmente identificable para el que lo recibe, que simplemente se resigna a seguir el juego por verse obligado a ello. El hecho es que, tanto en el hombre como en la mujer, la mentira y la hipocresía se relacionan con los deseos de poder, la importancia personal y el propio erotismo adúltero no aceptado. El erotismo adúltero se manifiesta en el hombre como comportamiento depredatorio del cuerpo de la mujer, y en la mujer como provocación y coqueteo con los hombres poderosos de su entorno. Por supuesto estas personas pecan de hipocresía y doblez en el amor porque no han conseguido romper con la mentira de un falso matrimonio que los mantiene frustrados y atados a una vida que no quieren vivir.

En todo caso, el doble juego hace que las personas no sean transparentes y se vean malditas por su propia consciencia, ya que esta no les dejará jamás ser felices, amar y tener auténtico éxito en la vida. La mentira deriva siempre en el efecto bola de nieve, es decir, una pequeña mentira implica tener que mantenerla y protegerla con más mentiras, de manera que la mentira va creciendo cada vez más y comprometiendo la dignidad y la salud mental del que miente y de todos los que le rodean. Pero antes o después todas las mentiras acaban quedando en evidencia, y al ser descubiertas hacen que la persona que ha mentido se quede sola y pierda el aprecio de las personas que le habían dado su confianza. La mentira es un acto infantil de una personalidad inmadura que no quiere asumir la responsabilidad de las cosas y que trata de hacer siempre lo que quiere, como quiere y cuando quiere, sin verse coaccionado por el respeto a normas y a las demás personas. En último término, la mentira es un acto animal que niega la humanidad y la suprema verdad de la vida, que acaba esclavizando y desintegrando el espíritu del que la ha alimentado.

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