Actualmente el desarrollo humano ha tomado muchas formas, cada una de las cuales se corresponde con un nivel de comprensión y tolerancia de las personas. Al igual que el entrenamiento físico no puede ser el mismo para un niño que para un deportista de élite, los enfoques diversos del desarrollo humano tienen este mismo objeto, adaptarse a lo que cada persona puede comprender y dar. Pero dentro de los diversos enfoques desde los que puede ser abordado, este siempre ha de referirse al desarrollo de la conciencia, al examen y la mejora de la manera en la que uno piensa, siente y actúa. El asesoramiento filosófico se concibe actualmente como una forma de aplicación práctica de la filosofía a la problemática vital. Se centra en el razonamiento sin preconcepciones, y en el establecimiento de objetivos para la superación personal, para lo que el asesor, o consejero, filosófico dialoga con su cliente cuestionando sus valores, actitudes e ideología de vida. Es una forma de buscar profundidad en la manera de pensar y de vivir, a través del análisis y la comprensión filosófica de las dificultades y conflictos vitales.

Antiguamente los filósofos eran educadores y mentores de quien tuviera la disposición necesaria para iniciar un proceso de estas características, una especie de modelo de comportamiento con el que se dialogaba, aprendía y se formaba uno. Esto permitía el desarrollo no sólo del pensamiento y la mente, sino de la humanidad del interesado quién, sin duda, utilizaba esta situación como una ventaja para alcanzar el éxito en todas las áreas de su vida, por haber alcanzado una comprensión más profunda de esta. Hay muchos personajes históricos que han triunfado gracias al contacto que han tenido, en este sentido, con grandes filósofos, como si se tratara de una cadena en la que todos estuvieran unidos, por ejemplo: Sócrates, Platón, Aristóteles, y todos los que vinieron detrás, como Alejandro Magno, fundador de uno de los centros culturales del mundo antiguo tardío, Alejandría. Lo cierto es que todos somos filósofos desde el momento en el que tenemos una cabeza para pensar y una ideología de vida que nos conduce en el camino, pero no siempre nuestra forma de pensar es la adecuada, y es nuestra responsabilidad que si lo sea.