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La meditación es un hábito muy beneficioso
 sobre el que existe mucho desconocimiento, ya que no suele practicarse y, si se practica, frecuentemente se confunde con técnicas de relajación, de manera que uno no alcanza a diferenciar de forma precisa ambas disciplinas.  Esto sucede porque estas son técnicas con una relación muy estrecha, que en la mayoría de los casos resulta difícil separar. Para comprender esta diferencia es necesario someterse a un proceso de aprendizaje que implique una práctica regular, práctica que, sin duda, aporta muchos beneficios a nuestra vida. Solamente a través de la vivencia intima de estos estados internos uno consigue comprender de forma auténtica la diferencia que existe entre un estado de relajación y un estado meditativo. Aún así, cabe hacer ciertas discriminaciones conceptuales para entender la naturaleza de cada uno.

La meditación puede entenderse como el dominio de la atención, el que se consigue por medio de la focalización sostenida de esta sobre un objeto, sea este interno o externo. La meditación puede implicar, según sea su naturaleza, un estado de relajación muscular, un estado de relajación nerviosa, ambos a la vez o ninguno. El problema suele ser que se confunde meditación con pensamiento reflexivo, cuando estos no tienen por qué coincidir, si bien pueden hacerlo. Lo cierto es que la práctica de la meditación suele comenzar por aprender la relajación muscular, normalmente en un estado de inmovilidad. Sobre la base de esta práctica uno puede aprender técnicas de dominio de la atención sostenida sobre un objeto, ejercicio que puede acabar dirigiéndose al análisis reflexivo de un problema, en estado de relajación profunda. Si tienes interés en estas prácticas infórmate acerca de nuestros talleres de relajación, autocontrol y meditación, y nuestras conferencias sobre esta y otras temáticas relativas a la psicología profunda de orientación filosófica.

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