Los problemas sexuales
son mucho más frecuentes de lo que todos nos pensamos. Generalmente, cuando uno sufre un problema de este tipo, suele pensar que es el único que lo padece en silencio, mientras que el resto de la gente disfruta de una relación intensa y satisfactoria. Pero lo cierto es que poder disfrutar de una relación sexual verdaderamente satisfactoria es el resultado de un proceso de maduración y superación de ciertos aspectos del propio desarrollo interno. La sexología es una parte fundamental de la psicología humana, y es tratada a través de la terapia sexual con diferentes tratamientos ajustados a cada caso. Cuando la sexualidad falla, tenemos problemas tanto en lo personal como en lo sentimental, ya que el erotismo es un elemento fundamental del equilibrio psícológico.

La sexualidad encierra muchos miedos, complejos, traumatismos, un sinfín de creencias y de condicionamientos sociales que, especialmente en las mujeres, dificultan enormemente el poder enfrentarse a este aspecto con sencillez y naturalidad. Esta es la razón de que emociones profundas como la culpa, el miedo, la vergüenza u otras, interfieren constantemente en este aspecto de nuestra intimidad. Hay casos en los que bajo estas emociones se encuentran traumas sexuales infantiles, que sabotean a la persona y sus relaciones desde la sombra. Lo sexual se ha asociado desde generaciones atrás al pecado, y la culpa, de una forma muy intensa, y se ha tratado como un tabú. Esto sucede incluso hoy en día, ya que aún habiéndose avanzado algo en este aspecto desde una perspectiva sociopedagógica, dicho avance está lejos de materializarse como tal en las familias y las cabezas de las personas.

Las disfunciones sexuales son problemas clásicos que pueden afectar tanto al deseo como a las diferentes fases de la respuesta sexual. Problemas  como la eyaculación precoz y la impotencia en el hombre, o la falta de apetito, la  frigidez, el vaginismo, el dolor o la aversión al sexo en la mujer, son la manifestación típica experiencias de represión y educación indebida recibidas desde la infancia. Lo más frecuente en el hombre son la insatisfacción sexual, la infidelidad,  junto a otros comportamientos mórbidos de tipo adultero, y la falta del suficiente control eyaculatorio como para permitir que la mujer alcance su orgasmo. Lo más frecuente en la mujer son, precisamente, la dificultad para alcanzar el orgasmo con su consecuente frustración y la falta de deseo por su pareja. También se pueden dar casos de ninfomanía o satiriasis, por un deseo excesivo en la mujer y  el hombre respectivamente.

Otro tipo de trastornos son los los referidos a la inclinación sexual, es decir, que suponen impulsos, fantasías y conductas sexuales que implican objetos, actividades o situaciones inapropiadas. Tecnicamente se conocen como parafilias, y son comportamientos del tipo de exhibicionismo, fetichismos, pedofilia, sadismo, masoquismo y voyerismo o los conocidos “mirones”. Estas alteraciones son simples manejos inapropiados de la energía sexual que se han establecido como hábitos inapropiados en el sujeto, pero que pueden ser corregidos con la debida terapia sexual. Por último cabe hablar de los problemas de la identidad sexual tales como la homosexualidad, el transvestismo, el fetichismo transvestista y el transexualismo, que si bien existen casos normales acordes con los deseos del sujeto, se dan casos en los que esto sucede en contra la voluntad y el deseo intimo de la persona suponiendo un problema para esta.